ÁNGELES CONSTRUCTORES Y TUTELARES
Los Ángeles, por tanto, en una escala de Seres de todo orden y grado,
representan
las inteligencias que están detrás de toda cosa creada. Ellos conocen las leyes según las cuales la materia se agrega, y se
evoluciona en una forma definida.
El Ángel arquetipo de una cierta forma, por ejemplo, el pino, por medio de sus
legiones de constructores hará de modo que todos los pinos de la Tierra
crezcan y se desarrollen según el mismo modelo. Entre un árbol y otro habrá
pequeñas diferencias. Y pequeñas diferencia habrá entre una hoja y otra del
mismo árbol, o entre una rama y otra. En la naturaleza no existen dos cosas
absolutamente idénticas: dos hojas, dos pinos, dos hombres, dos copos de
nieve.
Cada hoja, cada hombre, aún siendo semejantes, poseen una propia
identidad única e irrepetible. Esa unicidad es posible, pues también
los Devas, constructores de formas, aún siendo multitudes de muchos millones,
conservan cada uno su propia y precisa individualidad. Cada uno de ellos
construye la forma de la cual es el custodio: “a su imagen y semejanza” en un
modo que es exclusivamente suyo. Igual a todas las otras, pero no idéntica.
A diferencia del hombre que puede cumplir de mala gana el deber que le ha sido
confiado, cometiendo errores por negligencia o deliberadamente, por mala fe,
el Ángel desenvuelve con alegría la única misión que la Inteligencia Divina le
ha confiado, pues ésta es la única finalidad de su vida.
El Deva constructor de las hojas de un eucalipto, construye solamente aquellas
y nada más… Cuando los batallones de constructores hayan permitido al
espléndido eucalipto formarse, un solo Ángel tendrá su total custodia. Su
trabajo estará en sintonía con todas las multitudes de constructores, desde
las raíces a las ramas, y a las hojas, siguiendo el esquema arquetipo de todos
los eucaliptos del planeta. A su vez, el Deva del eucalipto trabajará en
colaboración con todos los custodios de todos los árboles del bosque.
El bosque tiene un Ángel Tutelar, que vigila, no sólo la vida de los árboles,
flores y frutos, sino también la de las rocas, de los pequeños y grandes
animales que viven en su ámbito, y también la de aquellos hombres que allí
residen y que por allí transitan.
El Custodio del Bosque depende a su vez del Ángel que custodia el valle o la
montaña, el así llamado “Señor del Lugar”. Y si en el valle existen cursos de
agua, lagos, construcciones, existirán sus correspondientes Ángeles para
cuidar de ellos, subalternos todos del “Señor del Lugar”
A su vez, el Ángel del Lugar colabora activamente con el Ángel de la Región,
etc. pues no existe sobre la Tierra un lugar geográfico, con todos sus
habitantes (minerales, vegetales, animales o humanos) que no esté sometido a
la tutela de un Ángel.
Las características naturales de un lugar: colinas, llanuras, valles, la misma
vegetación, son en cierta manera “el cuerpo físico” por medio del cual el
Ángel se manifiesta a la percepción humana.
El Ángel no necesita cuerpo físico, su esencia es pura energía, no
visible. Es como un aura distintamente coloreada que se adapta a la forma
física de la “cosa” de la que es custodio, sea una flor, un río o una roca.
El Ángel influye con su aura a la del lugar; pero también el lugar,
modificándose en el transcurso del tiempo, producirá modificaciones en el aura
misma del Ángel, puesto que todo está estrictamente relacionado entre sí.
Cuando en un lugar, desde siempre bajo la custodia de un Ángel se establece un
pueblo, el influjo recíproco es aún mayor y más eficaz. No olvidemos que entre
Ellos y nosotros existe un intercambio muy estrecho.
El Ángel ayuda a la evolución humana (o mineral, vegetal, animal) pero a su
vez “crece” evoluciona junto con la “cosa” que custodia y que Él mismo ha
ayudado a “crecer”. Los Ángeles Tutelares de los diversos pueblos de la Tierra
“crecen” en el plan evolutivo junto al pueblo al que están ayudando. Veamos si
podemos ejemplificar este concepto tan importante.
Cito textualmente las palabras de Rudolf Steiner, que contienen una grandiosa
visión del conjunto: “Todos sabemos que la superficie de la Tierra es
diferente en las diversas partes del globo, y que en las diversas regiones se
encuentran las condiciones más desiguales de desarrollo de los caracteres
particulares, de las cualidades de los pueblos.
“La conciencia materialista dirá que el clima, la flora y quizás el agua de
una determinada región de nuestra Tierra, junto con muchas otras cosas,
determinan la manifestación de las características del pueblo que los habita.
No hay que extrañarse si la conciencia material, la conciencia del plan físico
juzga de este modo, puesto que conoce, en efecto, sólo lo que es visible a los
ojos físicos.
“Para la conciencia clarividente, sin embargo, desde cada punto de nuestra
Tierra se eleva en realidad una singular nube espiritual, que hay que indicar
cómo el aura etérica de aquella particular región. Esta aura etérica es
totalmente distinta, sobre la superficie de Suiza o sobre la de Italia; y aún
más distinta sobre Noruega, Francia o Alemania.
“Así como todo hombre tiene su cuerpo etérico, así sobre todas y cada una de
las regiones de nuestra superficie terrestre se eleva una especie de aura
etérica.
“Las auras que se elevan sobre las regiones, se alteran en el curso de la
evolución humana en cuanto un pueblo abandona su sede y toma posesión de otra
región de la Tierra.
“El hecho característicos es que, realmente, el aura etérica que está sobre
una región determinada no depende solamente de cuanto surge del suelo, más
también del pueblo que por último ha establecido allí su residencia”.
Existe, como hemos visto, un intercambio entre el Ángel del lugar y sus
habitantes. Pero hay mucho más, es un recorrido gradual y ordenado.
El aura de una ciudad está compuesta por la suma de las auras de todos
sus habitantes, por buenos o malos que ellos sean, sumada a la emanación
típica del lugar. Auras de todos los tipos contribuyen a crear una aura sola,
y ésta influirá, a su vez, en el cuerpo etérico del Ángel que custodia la
ciudad.
Éste es uno de esos conceptos que se comprenden mejor con el corazón
que con la mente, pero trataremos de profundizarlo más adelante.
Encontramos que un Ángel custodia a cada familia. Cada vez que dos
individuos forman parejas, a sus dos custodios se añadirá un tercero, puesto
que ahora se han convertido en una “familia”.
Podrán trasladarse a cualquier parte del mundo, pero el “tercer Ángel” les
seguirá a todas partes. Y cuando nazcan los niños llegarán con ellos “nuevos”
Ángeles custodios, pero el Ángel de la familia será siempre el mismo.
Pero no será el único que tenga cuidado de ellos. Otro Ángel “habita” en cada vivienda, la custodia inmutable, siguiendo la suerte del edificio,
tanto en la reestructuración como en las demoliciones o en los bombardeos
(esperemos que nunca más).
En los grandes edificios modernos, en las modernas ciudades dormitorio,
podemos suponer la existencia de un Ángel Tutela que sigue la existencia de
todo el condominio y de todas las familias que lo habitan.
Existe además el Ángel del Barrio, inconscientemente alimentado por el
sentido localista de sus habitantes, y el Ángel de la ciudad, del
sector, de la barriada, del grupo alejado de casas. Existe el Ángel de
la Región, el de la Nación, el del Continente y así hasta el
infinito.
LA NUEVA ERA
En la Nueva Era, a la fraternidad y a la colaboración entre hombres
y Ángeles se le ha reservado una gran tarea. Pero, para que esto
ocurra, es necesario que la mente y el corazón de los hombres, de una
gran masa de hombres. Estén abiertos a la realidad de su existencia.
Si en los hombres existe la duda, la incredulidad o incluso la mofa hacia las
Legiones Celestes, ¡cómo pueden estas criaturas penetrar en nuestra vida
diaria!
Los Ángeles Sanadores, por ejemplo, están parados delante de los lugares donde
los humanos sufren, pero son inoperantes junto a las camas de los enfermos en
las salas de los hospitales. Podrían hacer grandes cosas, podrían verter sobre
nosotros el don de la curación, del cual son portadores, dispensar consuelo y
salud, pero son poquitísimos los hombres que invocan su ayuda, haciendo
inútil y desesperada su presencia.
Es necesario establecer un sólido puente entre los Ángeles y los
hombres, pero a esta construcción deben colaborar todos.
Este trabajo ha sido iniciado con La Nueva Era y ya se empiezan a entrever los
primeros excitantes frutos. Inesperadamente desde las fuentes más diversas, no
necesariamente de origen cristiano (¡al revés!) se ha comenzado a hablar de
Ángeles.
El tema del Ángel ha entrado en las nuevas composiciones musicales, en el
arte, en la meditación; está insinuándose con extrema dulzura y persistencia
en el pensamiento y en la filosofía de nuestros días. Incluso la publicidad
utiliza imágenes angélicas para promocionar sus productos…. Estas son
solamente las primicias de un movimiento aún mucho más vasto que andarán
desarrollándose en los años venideros.
Todos somos los constructores de la Nueva Era. Con firmeza y tenacidad, pero
con absoluta libertad, estamos llamando a aportar nuestra contribución de
“ladrillos” hacia aquel puente que guiará a los Ángeles hacia nosotros.
Sobre la próxima venida de los Ángeles no hay muchos textos en circulación, y
los pocos o no están traducidos a nuestra idioma o, como ocurre con
frecuencia, a las temáticas que traen esperanza al corazón del hombre, los
libros son difíciles de encontrar pues han sido publicados por pequeños
editores de buena voluntad, que quedan fuera de la difusión comercial de la
distribución.
Uno de los textos más interesantes, aunque no de fácil lectura, es “la
Exteriorización de la Jerarquía”. Es uno de los muchos libros que el Maestro
Tibetano D.K. canalizó por medio de Alice Bailey en el transcurso de más de 50
años, a comienzos del siglo.
Considerando que también este texto es difícil de encontrar, cito textualmente
algunos de los párrafos más significativos:
“Podría ser interesante hacer notar que cuando venga Aquel que los Ángeles y
los hombres esperan y cuyo trabajo consiste en inaugurar la Nueva Era,
completando así lo que inició en Palestina dos mil años ha, traerá consigo
algunos de los Grandes Ángeles así como también algunos Maestros.
“Los Ángeles siempre han estado activos en la historia bíblica y entrarán de
nuevo en la vida de los seres humanos con mayor poder que el que tuvieron en
los últimos tiempos.
“Se les ha enviado un llamamiento a fin de que se avecinen de nuevo a la
humanidad, y con sus vibraciones más elevadas y con su superior
conocimiento, unan sus fuerzas a la del Cristo y sus discípulos para ayudar a
la raza.
“Por ejemplo, deberán comunicar muchas cosas en relación al color y al sonido,
y al efecto de estas dos fuerzas sobre los cuerpos etéreos de los hombres, de
los animales y de las flores. Cuando todo esto que Ellos enseñen sea aprendido
por la raza, los males físicos y las enfermedades serán eliminados.
“El grupo de Ángeles o Devas violeta que operan sobre los cuatro niveles
etéreos, será particularmente activo…. Estos cuatro grupos de Ángeles son un
conjunto de servidores consagrados al servicio de Cristo y su trabajo consiste
en entrar en contacto con los hombres para instruirlos”.
El texto continúa con la indicación de los argumentos específicos mediante los
cuales ocurrirá el adoctrinamiento, o sea:
1) Enseñaremos a la humanidad a ver etéricamente y lo hará elevando la
vibración humana con la interacción de la suya”. En otras palabras, nos
elevarán un escalón haciéndonos un poco menos materiales y un poco más
semejantes a ellos. Este empuje cualitativo de nuestro modo de ser, nos
permitirá adquirir la así llamada “visión etérica”, aquella que hoy definimos
con muy rudimentaria aproximación como “clarividencia”; pero será algo mucho
más refinado.
2) Darán instrucciones sobre el efecto de los colores en la curación de
las enfermedades y en particular de la eficacia de la luz violeta en aliviar
los males humanos y en curar las enfermedades del plano físico, que tienen
origen en el cuerpo etérico.
3) Los mismos pensadores materialistas (los científicos, n.d.a.)
demostrarán que el mundo del súper consciente existe, y que es posible conocer
a los Ángeles y a los hombres que no están encarnados físicamente y no poseen
un cuerpo físico, y que se pueden entrar en contacto con ellos.
“4) Instruirán a los seres humanos en el conocimiento de la física
suprahumana, de modo que el peso pueda ser transmutado, el movimiento será más
rápido, la velocidad será acompañada por la ausencia de rumor de fricción,
eliminado así la fatiga.
“En el dominio humano de los niveles etéreos reside la superación de la fatiga
y el poder de trascender el tiempo”.
Debemos precisar que estas líneas fueron escritas en 1919 cuando Einstein y su
teoría de la relatividad estaban todavía lejanos en el tiempo y el espacio…
Debemos tener presente que quien dictaba esas palabras a Alice Bailey no era
un común mortal, era uno de los Maestros de la Jerarquía, con pleno
conocimiento del Plano Evolutivo de la humanidad.
Releído hoy, este mensaje parece preanunciar el descubrimiento de una
nueva fuente de energía con posibilidad de intervenir sobre la fuerza de la
gravedad, y consecuentemente, de aligerar la fricción, el ruido y la fatiga.
Por ahora, un descubrimiento de este género parece lejano y sin embargo, es
muy posible…
Incluso habiendo comprendido (después de Einstein) que tiempo y espacio son
relativos al punto del que son observados, aparece muy sorprendente el
concepto de que en los niveles etéreos humanos resida la posibilidad de
trascender el tiempo.
Enseñarán a la humanidad el modo de nutrir correctamente el cuerpo y de
extraer el nutriente necesario del etéreo circundante. El hombre concentrará
la atención sobre el cuerpo etérico, y el funcionamiento y la salud del cuerpo
físico serán cada vez más automáticos”.
Indudablemente, con este salto cualitativo, también la cadena alimenticia será
modificada. El actual ciclo se basa sobre una cruel y sanguinaria ley de
sacrificio de un reino en relación con el otro.
No será ya necesario matar a otros seres, bien sean animales, vegetales o
minerales para alimentarse. Esto llevará a una notable mejoría del campo
etérico en el que la humanidad deberá vivir, pues el grito de dolor que se
eleva al cielo desde los mataderos, de los caladeros de pesca, pero también
desde las minas, de las plantaciones y de los huertos domésticos, continúa
resonando ininterrumpidamente, y viene absorbido por cada cosa animada o
inanimada comunicándole ese sufrimiento.
Nuestro planeta no es un inerte amasijo de minerales que rueda en el espacio,
sino una criatura viva con un “corazón” etérico pulsante y sensible. Los
sufrimientos inflingidos a uno de los reinos vivientes: mineral,
vegetal, animal o humano, se comunica instantáneamente en el etéreo cósmico
circunstante, y vuelve a calar, y por tanto a hacer sufrir, todas las cosas,
puesto que todo es Uno.
“Con el crecimiento de la sensibilidad de los hombres en los próximos años, la
facultad telepática de los hombres y su capacidad de responder a la
inspiración interior se desarrollarán y manifestarán cada vez más. Con el
desarrollo de la telepatía intuitiva, y con la creciente comprensión del poder
del color y del sonido, se entrará en contacto con el trabajo de Cristo y de
los Grandes Seres, y se entenderá… la fecha está al caer… “
EL ÁNGEL DE LA TIERRA
Cada vez son más lo que cobran conciencia de la “hipótesis de Gaia”, formulada
por primera vez en 1979 en el libro “Gaia: una nueva perspectiva de la vida en
la Tierra”.
En ella Lovelock resucitaba la idea sostenida desde siempre por los
pueblos antiguos e indígenas del planeta: que nuestro planeta es un ser
viviente, una vasta inteligencia que se regula a sí misma. Todo lo que
vive en él y dentro de él es una parte de su ser. Lovelock la llamó Gaia,
como los antiguos griegos a la Diosa Madre de toda la vida
terrestre.
Cuando más se piensa en la Hipótesis de Gaia, más lógica y obvia es. La Tierra
está viva, sí. Es la progenitora de todos nosotros. Y así como cada uno tiene
su Ángel de la guarda, su Ángel acompañante, así lo tiene la Tierra.
Así como nuestro planeta tiene un millar de nombres (Tierra, Gea, Herat son
sólo unos pocos), así también el Ángel de la Tierra tiene muchos nombres,
todos ellos desconocidos, pero a punto de ser descubiertos.
Por encima de los principados hay muchas órdenes de Ángeles. Por ejemplo, el
Ángel de la Tierra es un trono. Todos los planetas tienen guardianes de este
orden, pues en cierto sentido, cada mundo es un asiento para el Creador y eso
es lo que reflejan estos seres angélicos.
Si trataras de visualizar el cuerpo del Ángel de la Tierra, verías quizás un
vasto cinturón de luz que cubre toda la órbita de nuestro planeta: una forma
elíptica, de novecientos cincuenta y dos millones de kilómetros de longitud.
La Tierra tarda un año en dar la vuelta al sol dentro del cuerpo de este ser.
Cuando nos vinculamos con este Ángel experimentamos una unidad de tiempo y
espacio.
En este momento, nuestra tarea primordial es la curación de la tierra.
Ella sabe curarse sola, sin duda; lo que debemos hacer es sintonizar con
nuestra Madre Gaia y el Ángel de la Tierra para averiguar cuál es la
acción adecuada para la curación en cualquier momento dado. Cuando se ejecuta
el ejercicio correspondiente, no sólo envías energía curativa al planeta, sino
que haces saber a los espíritus de la naturaleza y a los Ángeles que estás
lista para trabajar en armonía con todos ellos.
Hacer esto en grupo con otros es un paso importante para la curación de
nuestro querido planeta. Si conoces a otros que estén dialogando con sus
Ángeles, comenzarás a sentir cómo se profundiza y expande la energía colectiva
del grupo.
PROGRAMACIÓN ANGÉLICA N.º. 21
La Culpa
¿Realmente te has detenido alguna vez a pensar en la palabra culpa? Culpa
significa responsabilidad por un error y crítica por hacer mal. La culpa es un
peso pesado con el que nos rodeamos cuando no podemos cambiar el pasado que
nos acecha. Si nos culpamos por algo que sucedió en el pasado vamos a comenzar
a permitir que surja en nuestra vida una predisposición al perdón y al olvido.
Quedarse aferrado al pasado nos impide seguir adelante en el camino hacia una
vida feliz y espiritual. El pasado sólo permanece vivo en la mente, y quizás
ni siquiera tengamos un recuerdo exacto de lo que sucedió.
Vamos a tomar una hoja de papel, convocamos a los Ángeles y hacemos una lista
de todos los asuntos inconclusos. Los Ángeles querrán que comencemos a darles
un tono más leve a las percepciones sobre el pasado, por lo que tendremos que
empezar a pensar en el humor.
Probablemente algunos recuerdos del pasado no sean para nada graciosos, pero
puedo asegurarle que pueden perder mucho del peso con que nos agobian la vida.
El humor sana, y los Ángeles lo utilizan con mucha frecuencia.
Entonces, después de hacer una lista de las personas con las que tenemos
asuntos inconclusos, debido a nuestra testarudez o a la de ellas, busquemos el
humor. Los Ángeles nos ayudarán. Te garantizo que si se trata de una situación
seria, relacionada con el falso orgullo, no le faltará humor.
Cuando nos sucede algo doloroso, busquemos el crecimiento. Lo doloroso puede
ser el mayor acelerador del crecimiento que se conozca. En este punto, después
de haber hecho la lista, la idea principal de los Ángeles es que cultivemos el
estar dispuestos a alivianar y prepararnos para liberar el pasado, cambiando
la percepción que tenemos sobre él.
La esencia de esta práctica consiste en la predisposición a tomarnos con más
liviandad liberando los dolores y las equivocaciones del pasado.
💗
No hay comentarios:
Publicar un comentario