LOS SÍMBOLOS
El símbolo es aquello que da que pensar. Habla en el lenguaje de los sueños,
de la intuición y del misterio. No se opone al pensamiento lógico, está en
otro nivel, eso es todo.
Las imágenes y los símbolos dicen más que las palabras. El símbolo pertenece
al arte del silencio… anterior al verbo y según las tradiciones, hubo un
silencio profundo antes de la creación. Tanto el lenguaje de los símbolos como
el de la oración son sagrados.
Para aclarar un poco lo que antecede tomemos por ejemplo el diluvio, las
escenas del diluvio con las aguas cubriendo la tierra….
El diluvio purifica y regenera…. Reabsorbe a la humanidad en las aguas de un
nuevo nacimiento. Es lo que para los cristianos significa el bautismo. El
diluvio, que fue un inmenso bautismo colectivo, señala el límite entre la
prehistoria y la historia de la humanidad. Indica el punto exacto donde
comienza a operar la alquimia como ciencia sagrada. Es un símbolo.
En las aguas del diluvio desaparece en forma psíquica, un nivel de conciencia
confundido y perdido en el mundo exterior. En el diluvio está simbolizada la
reabsorción instantánea de una forma de vida vieja, sin energía, contaminada
de frustraciones.
El diluvio produce un efecto energético. El aspirante entra al arca.. o sea a
la caverna alquímica y las aguas del olvido cubren su anterior existencia.
¿Cuál es ese estado anterior? Es ese lamentable estado en el que la mayoría de
nosotros acepta vivir sin rebelarse, es como un estado desvitalizado,
marchito, sin energía.
También al hacer una novena, ni bien se empiece, se estará navegando como Noé
en un estado superior de conciencia. Se iniciará de inmediato una travesía
fantástica sobre las aguas que cubren la vida anterior.
Noé estaba acompañado de palomas a las que envió como emisoras para informar
sobre el proceso que estaba aconteciendo dentro del arca. Era para señalar los
cambios que se operaban dentro del arca; ésta era un Atanor y como tal debía
permanecer cerrada, aún para el mismo Creador. Esto significa que tenemos
libre albedrío, Noé tuvo un mandato, pero siempre estaba la posibilidad de
desobedecerlo. En total soledad, ayudado sólo por las oraciones, él iba
llevando adelante, día por día, la espectacular obra alquímica de la que sólo
el mar fue testigo.
Noé debía mandar a los pájaros para ir avisando a Dios que las etapas se iban
cumpliendo según lo previsto y además para recibir la respuesta del mundo
exterior. Cuando la paloma regresara, la tierra prometida estaría cerca.
Noah o Noé sería el germen de la nueva humanidad. En el Arca se llevaría a
cabo la reconquista de la verdadera naturaleza humana. Noé se descontaminaría
del miedo, se le recordaría su esplendor e integraría sus energías de una
manera nueva.
Era el número diez en el linaje de descendencia de Adán, en la rama de Shet,
con él se iniciaba un nuevo ciclo evolutivo. También se retornaría a las
normas primeras, a la verdad, a la pureza y… ¡La obra tuvo éxito!
Ya su padre Lemekh es avisado sobre la misión que llevará adelante Noé,
podríamos decir que le informan que su hijo es invitado a realizar una obra de
transmutación que tendrá enormes consecuencias en la especie humana. Noé es la
primicia, la avanzada. Luego de ser él mismo transmutado adentro del arca,
repoblará la tierra con un germen nuevo. Este germen está grabado en nuestro
código genético y se activa con las oraciones. Lo llevamos inscripto en
nuestra memoria, sabiendo que Noah pudo hacerlo y tenemos las claves de esa
primera obra alquímica. ¿Porqué no intentarlo?
La escena del diluvio simboliza el caos que necesariamente precede a toda
creación. Caos no visto como desorden, sino como transición. Noé entrando al
arca es la imagen exacta del alquimista entrando a su propia arca, a su
espacio sagrado, a su laboratorio. Noé flotando sobre las aguas, en total
soledad con respecto al mundo, sin referencias a lo habitual, representa al
alquimista separándose de la vida profana.
Elohim ordenó construir a Noé un arca de madera resinosa, se supone que de
acacia. La acacia simboliza a las ciencias sagradas porque es madera que es
incorruptible y resistente, o sea, es un material apto; es capaz de ser
atanor.
El camino de la evolución se construye con un material probado, confiable; o
sea las ciencias sagradas de la tradición. Este conocimiento es sólido, porque
es una fuerte base de apoyo, un buen fundamento.
Las ciencias sagradas son en primer lugar la alquimia, junto con ella la
angeología o conocimiento de la cooperación con los Ángeles. A la teología o
la historia del diálogo del humano con Dios y a la elfología o el misterio de
los reinos elementales.
¿Qué conservaba el arca? El conocimiento sagrado e iniciático de todas las
civilizaciones anteriores al diluvio. O sea, el arca conservó la verdadera
historia de la humanidad, las claves que luego tomaron las tradiciones.
Tanto el arca de Noé como el arca de la Alianza del pueblo hebreo, son
depósitos del conocimiento único. Hay una sola verdad, un solo conocimiento
inmutable que va siendo resguardado a través de los tiempos. En nuestra
tradición está custodiado por las ciencias sagradas. En otras culturas esta
misma verdad, está protegida por los saberes antiguos. El diluvio es
universal, los indígenas americanos lo describen también, los relatos
babilonios hablan de lo mismo.
Explicando a Noé, que se dejara conducir hacia un nuevo nivel de conciencia,
Elohim entonces le pidió que construyera su arca y que allí dentro hiciera
entrar a todas sus energías no desarrolladas. Dándole al mismo tiempo las
claves que debían ser transmitidas a la nueva humanidad de la cual Noé sería
el primer exponente.
Elohim invitó a Noé a que tome conciencia de todas sus partes fragmentadas, de
sus partes felices, de sus partes heredadas, de su parte ancestral. Esto es lo
que simbolizan los "animales" que hace entrar al Arca con él, para hacer la
travesía a un nuevo nivel de conciencia.
Con "ellos", con los animales, con lo que es Noé a nivel denso, se hace la
alquimia del renacimiento… ellos son su campo de energía no transmutado, ellos
simbolizan sus instintos latentes. Todos estamos acompañados sin saberlo por
nuestros propios "animales". Nuestro cerebro tiene tres niveles superpuestos,
el nivel reptil, el mamífero y finalmente el humano, en vías de desarrollo.
Funcionamos a nivel reptil, cuando defendemos nuestros territorios, nuestras
posesiones, nuestros viejos pensamientos. Cuando somos capaces de "matar" a
quien amenaza nuestra seguridad. El nivel reptil, funciona en base a la
agresión y al miedo.
Luego, un poco más evolucionados, actuamos como mamíferos, creamos territorios
y en ellos encerramos y poseemos a nuestros afectos, a nuestros logros,
nuestros éxitos. Nos entendemos bien con los de "nuestra manada" y excluimos a
todos los demás. Nos preocupamos por el bienestar de nuestro círculo y
participamos de las luchas de poder y predominio dentro de Él. ¿Es éste un
comportamiento humano? Todavía no. Estamos llenos de prejuicios y de cobardía,
nos preocupa básicamente nuestra seguridad, todavía estamos contaminados de
miedo, en el nivel mamífero somos bastante mezquinos…
El tema es poder llegar a ser humanos. Se trata del amor, de la apertura, de
la libertad, de la generosidad.
Sigamos con nuestro relato, después de 40 días, lapso de transmutación
absoluta e irreversible, cesa la lluvia y bajan las aguas. Noé entonces sale
del arca, según los relatos bíblico, esto acontece a la edad de 600 años. El
seis es un número clave.
El seis indica el último paso de la transmutación, el ser humano estuvo
completo, en el sexto día de la creación. En el día séptimo Dios "descansó",
esto significa que dejó en libertad a la criatura para que eligiera su camino.
¿Qué ocurrió en el Arca durante los 40 días y 40 noches? Las tradiciones nada
nos dicen al respecto. Sin embargo se comprende que hubo tres etapas, la
negra, la blanca y la roja.
Cuando la primera etapa estuvo terminada, Noé envió entonces un cuerpo para
explorar el nivel de las aguas y también para dar la señal a los cielos. La
señal avisando que el primer paso se debía cumplido dentro del arca.
Luego sobrevino la obra en blanco. Noé mandó entonces una paloma para dar
aviso del acontecimiento. Finalmente llegó para él la obra en rojo, y llegó el
momento del desembarco. Esta vez, la paloma regresó, Noé supo entonces que la
nueva tierra, la nueva realidad estaba emergiendo de las aguas del diluvio.
Mientas tanto, en el exterior, bajo el sol de esos tiempos bíblicos, todo se
secaba poco a poco y emergía la primera tierra; según las tradiciones es la
misma que estás pisando ahora.
Ahora bien, pasaron todavía 150 días, hasta que por fin Noé recibió la señal
que estaba esperando, las palomas que venía enviando ya no regresaban. De
pronto apareció una de ellas con un ramo de olivo en el pico.
Obviamente las palomas no habían regresado porque habían llegado ya a destino,
a la nueva tierra. O sea el resultado de la obra estaba a la vida. La que
entregó a Noé la rama de olivo trajo la señal "es posible el desembarco, la
transmutación se ha completado". La transmutación de la que te hablo sucedió
en el interior del arca o sea dentro de Noé mismo, también como consecuencia
aconteció el cambio en el mundo exterior. Todos los acontecimientos están
relacionados. Y sucedió algo más.. un deseo se había cumplido.
El deseo de Noé de llegar a una nueva tierra y empezar una nueva vida. Él
estaba cumpliendo un mandato pero participaba en el suceso con plena
conciencia, había pedido al cielo que se cumpliera su sueño.
El olivo es símbolo de paz, purificación, victoria y… recompensa. Es símbolo
del oro y del amor, además de serlo de la paz. Noé iba a tener todos los
recursos para dar comienzo a una nueva civilización. Nosotros heredamos estos
tesoros, Noé somos nosotros mismos, Él solo nos indica el camino. La paloma
simboliza la forma. En la tradición cristiana, el espíritu santo es el que
liga al cielo y la tierra. Cuando hablamos de forma estamos hablando de
concreción, realidad, esto no es una fantasía. La transmutación es un hecho
concreto.
EL ÁNGEL DE LA MUERTE Y EL RENACIMIENTO
La fuerza de este Ángel es una extensión y una ampliación del flujo del poder
causal de la Renunciación y la Regeneración mencionado por separado. Ese
poder, como el Ángel de la Renunciación y la Regeneración, cede el turno de
impartir la clase siguiente al Ángel de la Muerte y el Renacimiento para que
complete la lección que enseña a reemplazar lo inferior por lo superior.
Este Ángel representa la fuerza de la metamorfosis, y su función es la de
ayudarnos a disolver los patrones erróneos y las falsas creencias del ego y
auxiliarnos en la tarea de preparar nuestra conciencia para la infusión final
de la energía del Dios-Yo. Es "ese irresistible impulso de la Naturaleza que
es la causa de que todos los seres sean finalmente absorbidos por la condición
divina en la cual ya existían antes de que el Universo ilusorio se hubiera
manifestado".
Si esta energía se encuentra bloqueada por el temor a la "muerte" que
experimenta el ego y por la disminución de la personalidad, o a través de la
identificación del Yo con el cuerpo físico, nos convertiremos en personas que
se resistirán a cualquier cambio y que bloquearán la divina espontaneidad de
la vida. Las proyecciones negativas del ego pueden acarrear también el
resultado de llevarnos a estar constantemente vigilando el estado del cuerpo
físico para ver si hay algo que anda mal, lo que conduce a producir un
desorden en todo el sistema.
Pese a que no podemos pensar en nuestro ego como una hidra de nueve cabezas
que vive en una "ciénaga encharcada y pestilente", la naturaleza de este
animal representa la acumulación de todos los defectos de nuestra personalidad
que permanecen sin ser corregidos a través de todas nuestras muchas
encarnaciones en diversas formas físicas. Si atacamos al ego con emociones
combativas, sólo magnificaremos su naturaleza malévola y, luchando en su
territorio - en las tinieblas de la conciencia inferior - perderemos todo
nuestro poder para lograr la victoria. Al tratar con esta parte inferior y sin
redimir de nuestra naturaleza, debemos recordar que "nos levantamos si nos
arrodillamos", lo cual significa que la humildad es la clave, y que el orgullo
y la ira deben ser reemplazados por la paciencia y el perdón.
Así, deponemos todos nuestros sentimientos de hostilidad y elevamos esta forma
de pensamiento creada por el yo hacia la luz purificadora del Espíritu, donde
pierde todo su poder y logramos alcanzar la victoria. Vencemos por medio de la
entrega y ganamos la perfección al renunciar a nuestros defectos. El Ángel de
la Muerte y el Renacimiento es el Poder Causal que nos ayuda a cumplir con
esta heroica tarea.
En primer lugar, deseo ser bien clara al tema de la muerte, palabra que a la
mayoría de las personas les produce una sensación de temor y estremecimiento.
En verdad, lo que llamamos muerte no es sino una entrada a una vida más
gloriosa, de alegría, plenitud, paz y libertad, ya se trate de una experiencia
física o mística. En ambos casos es un flujo incesante de vida sensible, pero
con una diferencia. Excepto por la inmediata elevación de la conciencia que se
deriva de la experiencia de quedar liberado de la forma corporal, la muerte
física no es nada más que un cambio de la forma. Conservamos la conciencia, la
comprensión y el conocimiento conquistados durante nuestra visita en la
tierra, y cuando nos movemos de un plano hacia otro, llevamos con nosotros
nuestras tendencias y nuestros intereses.
Ya en el plano no-físico, continuamos nuestra evolución a medida que
progresamos gradualmente a través de un proceso de expansión de la conciencia
que nos conduce hacia nuestro objetivo final, el de recordar y despertar a
nuestra Realidad Esencial, la identidad divina.
La verdad principal de los antiguos colegios de Misterios era ayuda a que el
iniciado "muriera" en su personalidad para despertar a la Realidad, divina que
albergaba en su interior. El punto central de esta enseñanza estaba
constituido por la idea de que la única muerte verdadera es el nacimiento
físico, y que el único nacimiento verdadero es la comprensión y la liberación
del Yo Espiritual.
También se enseñaba que cualquier persona que abandonara la vida espiritual y
eligiera vivir una vida puramente material, plena de falsas ambiciones, era,
desde ese momento, una persona muerta, cuyo renacimiento sólo era posible a
través del acto de morir (desapegarse, desprenderse) del mundo de los
sentidos.
Debemos tener en cuenta que en esos antiguos tiempos de la humanidad, los
iniciados no trataban de convertirse en "santos" para pasar el resto de sus
vidas ataviados con una túnica monacal y caminando en círculos mientras
musitaban algún canto místico. Por el contrario estaban buscando liberarse de
las ataduras del mundo físico para poder permanecer en este mundo y participar
en su transformación. Su objetivo era despertar a la masa de la humanidad,
pero también sabían que la posibilidad de salir de ese estado de sueño debe
comenzar en la conciencia de cada individuo, de modo que comenzaban por ellos
mismos, tal como hoy debemos hacerlo tu y yo.
La idea de muerte y renacimiento aparece claramente ejemplificada por Jesús en
la Iniciación de la Crucifixión y la Resurrección. Él nos enseñó que debemos
morir para la naturaleza inferior para poder vivir como el Yo Superior que en
Verdad somos. La naturaleza inferior debe morir para que la naturaleza
superior puede manifestarse plenamente. Esa muerte consiste "en la renuncia a
la personalidad, en el reemplazo de la conciencia humana por la conciencia
divina. En atravesar tanto el plano objetivo como el plano subjetivo de la
conciencia".
En este punto de nuestra evolución pasamos por una experiencia portentosa. A
partir de nuestra renunciación, hemos estado esperando en una vibración
superior, en una percepción superior del Sagrado YO que llevamos en nuestro
interior. Pero en el momento de la crucifixión esta comprensión comienza a
desvanecerse como una conciencia personal para llegar a asumir la identidad de
su fuente. Se produce un progresivo desvanecimiento de la conciencia personal
y una progresiva aparición de la otra, y, durante un breve intervalo, la
sensación de la Presencia nos abandona por completo y podríamos ponernos a
gritar "'Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?". Pero, entonces, cuando
llegamos a comprender plenamente nuestra Divinidad, la frase "Yo y mi Padre
somos una sola persona" se convierte en una realidad. Se ha producido la
muerte de nuestro viejo yo y ahora podemos renacer e ingresar a la Experiencia
de la Resurrección.
Acerquémonos de manera más práctica a esta idea de la muerte y el
renacimiento. Cuando dejamos de identificarnos a nosotros mismos como parte
del mundo físico de las formas, rompemos las ataduras emocionales que nos
ligan a los efectos externos y disipamos la ilusión mental de estar viendo "en
el afuera" algo que realmente no existe, estamos removiendo las diferentes
capas de los patrones de nuestra personalidad que han estado rodeando nuestro
aprisionado esplendor.
Cuando nuestra naturaleza divina, nuestro Auténtico Ser aparece en la
superficie, nuestras vidas cambian tan asombrosamente que la tierra parece ser
el cielo. Los problemas, desafíos, pruebas y tribulaciones que estábamos
experimentando en nuestra naturaleza inferior se han desvanecido por completo,
pues no pueden seguir existiendo fuera de esa naturaleza inferior.
Todos los deseos, anhelos y necesidades han sido asumidos por el Yo
Espiritual, y se han convertido en manifestaciones acordes con la visión
superior, la cual siempre significa mucho más que aquello que concebimos en
nuestra limitada conciencia. Así "morimos" para la carencia, las limitaciones,
la insatisfacción, la futilidad, los conflictos, la desesperación, el miedo y
la culpa, y renacemos a la vida resucitada del dominio y la supremacía
espiritual.
¿Cómo hacer para provocar esta muerte y este renacimiento místico? La forma
más simple de responder a esta pregunta es decir que si nosotros cumplimos con
nuestra parte, el Espíritu se encargará del resto; y nuestra parte,
básicamente, puede ser resumida en estos cuatro pasos:
1) Depositar nuestra fe en el invisible mundo espiritual en lugar de hacerlo
en el visible mundo material, lo cual significa que debemos dejar de conferir
poder al plano material de los efectos y reclamar esa autoridad que nos
pertenece por derecho divino.
2) Romper con las atracciones emocionales que están limitando nuestras vidas.
Debemos abandonarlo todo al Espíritu de Dios que mora en nuestro interior;
debemos, incluso, entregarle esos deseos que nos están tirando hacia abajo,
pues, en verdad, sólo cuando abandonamos nuestro deseo en las manos del poder
superior adquirimos el derecho a ver satisfecho ese deseo.
3) Llenos de humildad, dejamos todas las energías del ego en manos del Sagrado
Yo que mora en nosotros y, simbólicamente, hacemos que nuestra naturaleza
inferior ascienda hacia la Luz del Espíritu.
4) Por medio de la meditación, desarrollamos el poder de nuestra intuición
para que llegue a ser mayor que las percepciones erróneas que veíamos a través
de los falsos ojos de la personalidad
Si somos completamente sinceros y tenemos la voluntad de entregar todo lo
inferior para cambiarlo por lo superior, el Sagrado Yo se ocupará de borrar
suavemente la vieja personalidad y de reemplazarla por su propia Presencia,
todas las energías inferiores. No quiero dar la impresión de que este es un
proceso que puede cumplirse de la noche a la mañana, pues, por el contrario,
se requiere mucha preparación para que esta fusión pueda producirse.
No sólo debemos derramar todo el vino viejo - y todo lo que ese vino
representa - sino que debemos tener listo un odre completamente nuevo para
recibir el nuevo contenido. Pablo dijo "Cada día estoy a la muerte"
(Primera Epístola a los Corintios, 15:31)
- y eso es lo que debemos hacer para asegurarnos la victoria final.
Al "estar a la muerte" cada día - y momento a momento, si fuera necesario -,
rompemos las ataduras del ego y comenzamos la ascensión hacia la
superconciencia. Cada vez que nos movemos hacia el lugar más secreto de la
conciencia y sentimos y experimentamos la Presencia de Dios ante la que
estamos, morimos un poco para todo aquello con que nos atrae nuestra
naturaleza inferior. A cada momento en que nos conectamos con el Yo Superior y
vemos la Luz interior, sentimos el Amor y sabemos que estamos percibiendo la
Realidad, disminuimos todo aquello que nos mantiene asidos a nuestra
naturaleza inferior. Cada vez que damos la espalda a las apariencias y nos
negamos a prestar atención a los desafíos de la salud, de nuestra forma de
abastecernos, de nuestras profesiones o de nuestras relaciones, avanzamos un
poco en el proceso de nuestro renacimiento.
Cuando estás pasando por la transmutación y reorientación de tus energías
humanas, llama a este Ángel para que te ayude y te facilite el proceso. Para
las personas comunes, el Ángel de la Muerte es el más temible, pero para los
aspirantes, discípulos e iniciados, es "aquel que es tan bienvenido como una
sonrisa". Ahora ponte en contacto con el Ángel y pregúntale cómo puede
ayudarte en la preparación del paso final de liberación y aceptación. Pídele
que te revele si existen reservorios de características de tu personalidad que
aún no han sido sometidas y de ataduras del ego que aún no han sido cortadas,
y disponte a colocarlas bajo control.
Afirmándote en la energía y el poder de este Ángel, retrocede y revisa los
cuatro pasos que he mencionado anteriormente, y mantente firme en tu
compromiso de arrojar al ego de tu vida actual para tener una experiencia
mayor de la Verdad Viviente.
Debes cambiar tu idea de lo que significa vivir en este mundo. Vivir en
alegría, paz y libertad no significa desprenderse de las cosas de este mundo,
sino dejar de confiar y de depender de esas cosas y volver
tu atención hacia el YO SOY que llevas dentro de ti y que es la
única Causa y el Único Poder, y dejar que las cosas del mundo aparezcan
naturalmente.
Aquellas cosas que no estén de acuerdo con el orden superior deben morir y ser
reemplazadas por otras que sí lo estén, pero sin ninguna clase de sacrificio o
de sufrimiento de tu parte. Considera también que el ego no participa de la
Energía del Amor y ten en cuenta, sin embargo, que el Reino sólo puede
expresarse a través de esa energía. ¿Acaso no vale la pena eliminar todos los
obstáculos que impiden que el cielo se manifieste en la tierra? Recuerda que
la muerte no existe, que sólo hay un cambio de energía.
Finalidad: Llamado también energía de la metamorfosis, este Ángel nos
ayuda a atravesar las áreas dominadas por el ego y a realizar nuestra
identidad como seres espirituales.
Rasgos negativos que pueden presentarse a partir de las proyecciones del ego:
exagerada preocupación por el cuerpo físico; el individuo se convierte en un
fanático de la salud que está constantemente observando sus sistemas físicos
para ver si hay algo que anda mal.
Su energía resulta bloqueada debido a: el temor a la muerte del ego; la
creencia de que la metamorfosis de la personalidad a la individualidad
eliminará la forma física; la identificación con el cuerpo como si fuera el
verdadero Yo.
FÁBULA SOBRE LOS ÁNGELES
Cada vez que muere un niño bueno, desciende a la tierra un Ángel del Señor,
toma en sus brazo al niño muerto, abre sus grandes alas blancas y vuela por
todos los lugares que el niño ha amado; luego recoge un manojo de flores, que
le lleva a Dios, para que ellas florezcan aún más bellas que en la tierra. El
buen Dios pone todas las flores en su corazón, pero a la predilecta le da un
beso y ella recibe la voz y puede cantar en el coro de los beatos.
Todo esto lo contaba un Ángel del Señor mientras llevaba un niño muerto al
cielo, y el niño lo escuchaba como en un sueño; y volaban por la casa, en los
lugares donde el niño había jugado, y luego por los deliciosos jardines llenos
de flores bellísimas.
"¿Cuál debemos tomar para plantar en el cielo?", preguntó el Ángel.
En el jardín había un rosal alto, pero un hombre malo le había quebrado el
tronco y todas las ramas llenas de grandes brotes que recién aparecían, se
habían doblado y se marchitaban.
"Pobre planta", dijo el niño, "toma esa, así podrá florecer junto a Dios".
El Ángel recogió la planta y le dio un beso al niño, que abrió un poco los
ojitos. Tomaron esas magníficas flores, pero también llevaron la despreciada
caléndula y el pensamiento del campo.
"Ahora tenemos flores", dijo el niño, y el Ángel asintió pero todavía no
volaron hacia Dios. Era de noche y había silencio; permanecieron en la gran
ciudad y volaron por una de las callejuelas más estrechas, donde había un
montón de paja, cenizas y basura: habían hecho una mudanza, y por todas partes
quedaron pedazos de platos, fragmentos de yeso, trapos y cosas viejas.
El Ángel señaló, en toda esa confusión, algunos restos de una maceta; cerca
había un poco de tierra que se había salido de la maceta, pero que seguía
unida por las raíces de una gran flor silvestre ya marchita, que no valía nada
y que por eso habían tirado.
"¡Llevémosla con nosotros", dijo el Ángel, "luego, mientras volemos, te diré
por que!"
Y entonces volaron y el Ángel dijo:
"Allí, en esa calle estrecha, en un sótano, vivía un pobre muchacho enfermo;
desde niño había estado siempre en la cama; cuando se sentía bien podía
caminar por al habitación con las muletas, pero nada más. En algunos días de
verano los rayos de sol entraban por unos minutos en la pequeña habitación del
sótano, entonces el muchachito se sentaba al calor del sol y miraba la sangre
roja que corría por los delgados dedos que sostenía delante de su rostro. En
esos días se podía decir: "¡Hoy el pequeño ha salido!"
El muchacho conocía el verde primaveral del bosque sólo porque el hijo del
vecino le traía el primer ramo de baya con hojas, y él lo ponía encima de su
cabeza y soñaba que estaba bajo los rayos del sol resplandeciente y de los
pájaros que cantaban. Un día de primavera el hijo del vecino también le trajo
algunas flores silvestres y entre ellas había por casualidad una que todavía
tenía raíces; por eso la plantó en una maceta que puso cerca de su cama.
"La flor, plantada por una mano amorosa, creció, sacó nuevos brotes y floreció
cada año. Esto fue para el muchacho el paraíso maravilloso, su pequeño tesoro
en la tierra. Lo regaba y lo cuidaba y se ocupaba de que recibiera hasta el
último rayo de sol que entraba por la pequeña ventana baja, y la flor crecía
también en la fantasía del muchacho, porque florecía para él, para él daba su
perfume y le alegraba la vida. Y cuando el Señor llamó al muchacho, él miró,
al morir, esa flor.
"Hace ya un año que está junto a Dios, y durante todo un año la flor quedó
abandonada en la ventana y se marchitó. Por eso la tiraron a la basura durante
la mudanza. Y nosotros hemos puesto en nuestro ramo a esa flor, a esa pobre
flor marchita, porque ha dado más alegría que la más bella de las flores del
jardín real".
"¿Pero cómo sabes todas estas cosas?", preguntó el niño que el Ángel llevaba
al cielo.
"¡Lo sé porque yo mismo era ese pobre muchacho enfermo que caminaba con las
muletas!", le explicó el Ángel. "¡Y conozco bien a mi flor!"
El niño abrió los ojos y miró el bello y feliz rostro del Ángel; en ese
momento llegaron al cielo, donde había alegría y bienaventuranza. Dios apretó
contra su pecho al niño muerto e inmediatamente le crecieron las alas, como al
otro Ángel, y juntos se fueron volando, tomados de la mano.
Luego Dios apretó contra su pecho el ramo de flores y besó a esa pobre flor
silvestre marchita, que enseguida tuvo una voz y cantó con todos los Ángeles
que volaban alrededor de Dios; algunos muy cerca, otros en grandes círculos
alrededor de Él, y otros muchos más lejos todavía, en el infinito, pero todos
igualmente felices. Y todos cantaban, pequeños y grandes, y también el niño
bueno y bendito, y esa pobre flor silvestre que se había marchitado y a la que
habían tirado en una calle oscura y estrecha, entre la basura de una mudanza.
PROGRAMACIÓN ANGÉLICA N.º 39
Los Creadores
El Creador hizo todo y a todos. Nosotros también somos creadores; hemos sido
dotados con muchas de sus cualidades, pero la mayoría de las veces esos dones
están tan enterrados que apenas se los reconoce y se los usa.
La preocupación es una forma de energía directa. El desasosiego te aparta de
de cualquier otra cosa y te dirige de una manera concentrada hacia lo que
temes. En este sentido, el desasosiego y el miedo se unen para traer a tu
existencia exactamente aquello a lo que le tienes miedo.
Dejarás de preocuparte cuando entiendas las leyes universales que rigen el
funcionamiento de las cosas. Una de esas leyes sostiene que cuanto se vea en
la mente, sea bueno o malo, si se cree en ello, ocurrirá. La creación comienza
en los pensamientos y en la imaginación. Un mundo de causas y efectos. Si
mirases hacia adentro, verías lo correcto. Lo que se siembra, se cosecha. Tal
como pienses, crearás, sin ninguna duda.
El trabajo interior representa mirar dentro de sí mismo. Todas las respuestas
están dentro tuyo. No fuera, ni en otra persona, ni siquiera en lo que llamas
Dios.
Lamentablemente no entiendes a Dios ni tampoco los métodos que Él usa para
encontrar las respuestas. Es por eso que no nos da las soluciones cuando le
rezamos con tanto fervor. No tenemos que rogar o suplicar. Sólo tenemos que
relajarnos, tranquilizarnos, creer en nosotros mismos y en nuestras
capacidades inherentes. De este modo, comenzamos a obtener nuestras propias
soluciones bajo la forma de ideas. Debemos creer y confiar en el proceso. Dios
no retiene ni nos oculta nuestras cosas buenas; a menudo, simplemente somos
incapaces de ver que ya poseemos, o podemos poseer, todo cuando deseamos.
Las religiones son como las escuelas en diferentes países. Enseñan básicamente
lo mismo, pero en diversos idiomas y de distintas maneras. Algunas escuelas
pueden prestar más atención al arte o a la historia, mientras que otras ponen
más énfasis en la química o las matemáticas. Pero hay un hilo común a todas
ellas: ellas conducen al mismo lugar, al Templo de la Sabiduría y de la Luz.
Así que Dios, bajo cualquier nombre, sigue siendo Dios. El verso de los
antiguos hebreos "Escucha, Oh Israel, el Señor tu Dios es Uno" es ahora tan
verdadero como lo fue entonces, o lo será siempre. Dios no está en un lugar o
época determinados. Dios está aquí y ahora. El cielo o el infierno están aquí
y ahora. Dios no se sienta en un trono dorado acompañado por Ángeles que tocan
arpas o vuelan durante todo el día. Dios está en cada persona, en cada forma
de vida, en cada parte y en toda creación. Está tan presente en ti como en
cualquier otra forma de vida que exista en los límites de esta galaxia. Dios
también escucha y se interesa por sus criaturas. A Él le importan incluso los
gorriones y los lirios del campo.
💗
http://alexiis-metafisica.blogspot.com/2010/01/clase-46-los-simbolos.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario