EL NIÑO INTERIOR
Tenemos que aprender a cambiar el trabajo por el juego, ya que cuando
trabajamos, muchas veces nos forzamos.
Forzarse en cualquier situación implica sufrir, y por lo general uno
termina bloqueando el camino de la abundancia. Si confiamos en los Ángeles y
permitimos que la mayor parte de nuestro trabajo se lleve a cabo en el reino
invisible del cielo, obtendremos más que lo necesario. La disposición a
liberar la lucha hará que seamos más creativos en todo lo que emprendamos. Los
Ángeles nos ayudan a atraer a nuestra vida situaciones que nos permiten ser
mejores personas.
Recibimos alegría directamente de los Ángeles. Si nos sentimos alegres,
sentimos a los Ángeles. No hay separación alguna. La alegría y el regocijo son
invenciones angélicas que apuntan a darnos a los seres humanos un respiro de
lo mundano. La alegría y el regocijo son como la felicidad verdadera; no
podemos pagar para obtenerlos ni dedicarnos a buscarlos. Sólo podemos hacernos
más receptivos para recibir los dones de la alegría y el regocijo, manteniendo
la mente abierta y flexible; en otras palabras, actuando con espontaneidad,
como los niños.
La vida es un proceso por el que tomamos conciencia de quiénes somos
realmente, y los Ángeles nos conocen bien. Ellos nos tienen en una proyección
del Yo Superior y de nuestras mejores intenciones / dones en la vida. Ellos
quieren conectarnos con nuestro origen divino, y quieren danzar y jugar con
nuestra conciencia, para aliviarnos el peso y hacernos felices. Cuando
encontremos el juego de nuestra vida con la ayuda de los Ángeles seremos
felices sin motivo, aquí y ahora. A su vez, esto atraerá hacia nosotros toda
clase de acontecimientos alegres, regocijantes y maravillosos.
Resulta más fácil cambiar el concepto de trabajo cuando volvemos a
introducirnos hacia nuestro propio niño.
El niño interior es el Yo Superior, nuestra propia esencia pura y no
adulterada. El espíritu humano es infantil y alegre. Pero es también muy
vulnerable. Necesita protección bajo la forma de amor para crecer y
fortalecerse de manera positiva.
Muchos espíritus humanos fueron quebrados y reprimidos durante la infancia y
la adolescencia. Quizás necesitemos ir hacia nuestro interior y hacer renacer
al niño que llevamos dentro para poder reintegrar la alegría y el amor al
espíritu humano.
Vamos a visualizar un niño feliz. Lo primero que se me ocurre es alegría, una
de las invenciones angélicas específicamente pensada para los seres humanos.
Los niños transmiten la alegría con facilidad – sin esfuerzo – por el solo
hecho de ser ellos mismos en ese momento. En una época fuimos transmisores de
alegría pura, lo que significa que estábamos plenamente integrados con los
Ángeles.
Podemos integrarnos plenamente con ellos una vez más si permitimos que
la alegría fluya con libertad en nuestra vida. Esto vuelve a llevarnos
hacia el “juego”, el juego divino de la creación. Jugar es el acto fundamental
para vivir el momento. Olvidemos el trabajo; borremos esa palabra del
vocabulario y reemplacémosla por juego. No será fácil, pero valdrá la pena.
Uno de los temas básicos de esta enseñanza es
liberar al niño interior e integrar el espíritu de la alegría infantil en
nuestro ser.
Esto hará de nosotros personas completas, puesto que al redescubrir la esencia
infantil descubriremos quiénes somos realmente. Los Ángeles pueden jugar muy
bien con un ser humano integrado; la senda está abierta y ellos pueden
guiarnos sin los insípidos bloqueos emocionales de la vida adulta ni la
tendencia de complicarlo todo.
Los Ángeles están con nosotros para hacernos más felices y no es necesario
complicar innecesariamente un mensaje tan hermoso con una cantidad de
artificios, palabras y sistemas de creencias. Debemos liberarnos de la noción
ridícula de ser adultos. Esta es la causa principal de la muerte espiritual en
personas mayores de doce años. Seamos nosotros mismos – lo cual significa ser
uno con el niño interior – y transmitamos alegría a los adultos insípidos que
quieren que todo sean tan serio y tan complicado.
El poema siguiente pertenece a un libro muy especial titulado
“Cuidemos a los niños”, escrito por Ken Cousens:
LA ESTACIÓN DE UN NIÑO
Una canción primaveral de risas
es la estación de un niño
que toca las flores, la lluvia cantante
cada pétalo fragante
cada mancha de verde pasto
horas que pasan sin motivo
dormitando tras un juego sin sentido.
El calor del verano
es el llamado de un niño
pez plateado en cascadas
cada sabor de la vida libre al viento
frescos helados para vos y para mí
nos salpicamos y reímos, delicia fría
la mano de papá y la noche clara.
Los colores del otoño
son el sueño de un niño
hojas al viento, chiquillos danzantes
juguetes rotos en todo el camino
sonrisas de calabazas, escenas medrosas
artimañas y noche de brujas
todo es parte del juego del niño.
El frío invierno
época agradable para un niño
la tibieza de la cercanía y el chocolate caliente
lecturas, dibujos, mentes en crecimiento
tiempo de cuentos que no olvidaremos
cada año crecemos pero aún no nos sorprende
nuestro amor es fuerte mientras la vida avanza.
Las vueltas de la vida, remolinos iniciales
los años transcurren, no hay tiempo de parar
la estación del niño que todos alimentamos
nosotros vamos y venimos pero la vida sigue
amemos siempre, es todo lo que nos dicen
y el niño interior así se desarrolla.
No importa la edad humana que tengamos:
somos NIÑOS. Cada uno de nosotros
tenemos un color especial de la luz de Dios. Esta luz que poseemos es nuestro
don para el mundo, y cuando la luz brilla intensamente se transmite nuestra
esencia y se recibe nuestro don. Bajo esta luz de Dios siempre seremos niños.
La luz es nuestra eternamente. La llevamos en nuestro interior, y precisa de
ventanas limpias para brillar con intensidad a través de ellas.
La luz puede opacarse. Cuando nos sentimos deprimidos e infelices, la luz se
ha opacado; la hemos reprimido. Es muy frecuente que las presiones de la vida
adulta opaquen esa luz, y para recuperarla debemos regresar a nuestra
verdadera naturaleza lumínica como hijos de Dios y de la luz.
CARTAS A TUS ÁNGELES
A medida que fortalezcas tu relación con tu gran amigo celestial, te será
grato explorar otros modos de entretejerla a tu vida cotidiana. Escribir
cartas a tu Ángel y a los compañeros angélicos de otras personas, te permite
centrar tu atención y mejorar tu capacidad de comunicación.
Al aprender a soñar con los Ángeles te abrirás a un rico depósito de
información valiosa que normalmente permanece oculta en el inconsciente.
Escribir a los Ángeles es un excelente modo de alinearse y ponerse en contacto
con ellos; además, puede brindarte una mayor claridad en tus problemas
personales. Escribirles, tal como escribirías una carta a un amigo íntimo y
querido, te ayuda a fortalecer el contacto que ya habías formado estableciendo
un vínculo mente-corazón. Ese vínculo se desarrolla según pongas al Ángel en
tu mente y en tu corazón para dirigir tus pensamientos hacia Él.
El acto de escribir también te ayuda a organizar tus pensamientos, despejando
tu mente. Al hacerlo permitirás que los Ángeles lleguen a ti en una frecuencia
más alta. La correspondencia con tus amigos celestiales despeja la estática y
la cháchara mental que dificulta una buena recepción.
Otro beneficio es que, cuando exteriorizas tus intenciones y deseos, comienzas
a liberarlos. Un pensamiento en papel es algo encapsulado y completo. Al
anotarlo despejas las partes de tu cerebro que lo contenía, dejando espacio
para algo nuevo.
Escribir también puede ayudarte a debilitar tu apego con respecto a los
deseos. Cuando los anotas puedes desprenderte de ellos. Si continúas aferrada
a ellos, no hay modo de que te abras a tu Ángel a fin de recibir el apoyo que
necesitas para conseguir lo que quieres. Sólo podemos recibir con la mano
abierta y vacía. Sin embargo, si lo que deseas no viene a ti cuando o como lo
deseabas, no pierdas de vista el resultado. Con mucha frecuencia descubrirás
que, en cambio, ocurrió algo mejor.
Conviene recordar que los Ángeles son seres de contacto, no de control. Sus
maneras de apoyarnos no provienen del poder, sino del amor. Por ejemplo, si te
atrae una persona, puedes escribir a tu Ángel para pedirle apoyo. Pero si
escribes “Querido Ángel: quiero que Juan me ame”, no recibirás tanto apoyo
como si escribes: “Querido Ángel: ayúdame a hallar el modo adecuado de
demostrar mi amor a Juan”. De modo similar, antes que “Consígueme este empleo,
por favor”, te conviene pedir “ayuda para encontrar ahora el trabajo
conveniente con un sueldo justo”.
Cunado pedimos ayuda, nuestros Ángeles nos respaldarán siempre. Pero lo hacen
desde una perspectiva más amplia de la que con frecuencia podemos apreciar. Lo
que percibimos como el amante ideal o el empleo perfecto puede no ser lo más
conveniente para nosotros a largo plazo, aunque por el momento pueda
parecernos bueno y adecuado a la imagen actual de lo que deseamos.
Al conversar y comunicarnos con nuestros Ángeles, aprendemos a refinar
nuestros deseos, a no desear simplemente lo que nosotros queremos, sino lo que
sea mejor para todos. Con el correr del tiempo descubrimos que eso nos brinda
una satisfacción más profunda. Y ese es sólo uno de los dones del contacto
angelical.
Además de escribir a tu propio Ángel, puedes enviar cartas a todos los tipos
de Ángeles que sientas la necesidad de hacerlo. Escribir una carta a uno de
esos Ángeles es un modo de invitarlo a tu vida.
Si estás en una etapa de transición, puedes escribir una carta para un Ángel
de modelo, pidiéndole que te ayude a ver el plano de la siguiente parte de tu
vida. Si acabas de tomar un nuevo empleo y debes trabajar por primera vez con
una computadora, escribe a los Ángeles de la tecnología, específicamente a un
Ángel de computadoras, para pedir su apoyo y su orientación. Si tu vida es un
torbellino, envía una nota a un Ángel de paz o un Ángel de gracia, pidiéndole
que venga a tu vida. Ten en cuenta que también puedes escribir a los Ángeles
de otras personas, no para tratar de dominarlas, sino para expresar lo tuyo. A
veces puedes encontrarte en situaciones difíciles o incómodas con una persona
con quien no puedes hablar, o quizás temes herirla si dices lo que quieres
decir.
También puedes tener la necesidad de decir algo a una persona que ha muerto o
desaparecido de tu vida. En estos casos, es útil escribir al Ángel de esa
persona. Di la verdad. Quítate el peso de encima. Esto no es para censurar,
sino para expresar lo que sientes sobre lo que te preocupa y cómo desearías
que fueran las cosas.
Cuando escribes al guardián de otra persona, el mensaje es entregado en el
plano angélico. Con frecuencia el acto de escribir coincide con una inesperada
apertura de comunicación con esa otra persona o la precede inmediatamente. Y
si no se presenta un mejoramiento en la relación, el solo hecho de escribir la
carta puede ayudarte a liberar el enojo, el miedo o la necesidad de obtener
algo que esa persona no puede darte.
En una buena relación, la comunicación fluye en ambos sentidos. Algunas cartas
a tu Ángel no necesitan respuesta. Son mensajes de final abierto. Pero lo
maravilloso de tener amistad epistolar con un Ángel es que no necesitas rondar
tu buzón a la espera de una respuesta. Si quieres recibir noticias inmediatas
de tu compañero, basta con que, después de haber escrito a tu Ángel, tomes
otra hoja de papel y dejes que tu Ángel te escriba. En esta ocasión encabeza
la carta dirigiéndola a tu propio nombre. Luego descansa y deja que las
palabras de tu Ángel lleguen a ti bajo la forma de una carta.
Todo el mundo tiene su propia manera de intercambiar cartas. Confía en que tu
sentido interior te guíe hacia la forma más adecuada para ti.
EL ÁNGEL DE LA ALEGRÍA
La alegría es la energía que sirve como catalizador del orden y de la armonía.
Sin alegría todas las formas que retienes en la conciencia comienzan a
desintegrarse, pues la alegría es la energía de la fusión y de la unidad.
En la conciencia del individuo, la alegría no proviene del exterior, sino del
yo superior que mora en Él, del YO SOY, y
esta alegría se logra plenamente a través del hecho de permanecer en esa
Presencia. ¿Qué significa permanecer? Significa quedarse, convivir, residir,
habitar. Cuando somos “conscientemente conscientes” de la Presencia de la
Divina Conciencia, es decir, cuando comprendemos que eso está presente,
entramos en consonancia con la Energía de la Alegría, debido a la canción del
alma que siempre es alegre.
La vibración del omnipotente YO SOY es
pura alegría, y cuando recogemos esta vibración, damos muchos frutos, no sólo
atrayendo un nuevo bien, sino también corrigiendo y protegiendo el bien que ya
se ha manifestado en nuestras vidas.
La alegría proviene de la conciencia divina del
YO SOY y, cuando la mente se encuentra
conscientemente anclada en el reino superior, inunda la personalidad con toda
su energía. La alegría abre las cortinas de la mente y deja entrar la luz que
disipa las tinieblas.
La llama gemela de la alegría es la serenidad, y una vez que el fuego de la
alegría y la serenidad domina todo el espectro de la personalidad, todas las
situaciones del mundo exterior son controladas en la Luz, lo cual explica el
hecho de que la alegría, literalmente, crea y conserva el orden y la armonía
en nuestras vidas.
Una persona llena de alegría se encuentra en consonancia con el ritmo del
universo, es cálida, contenta, pacífica, equilibrada, aplomada y confiada,
dotada de un corazón jubiloso y desbordando de gratitud. Y, como todo lo
exterior es un reflejo de lo interior, se encuentra “unida” con todas las
cosas en perfecto orden y armonía.
La naturaleza de este Ángel es femenina y se encuentra situada en el vórtice
entre el reino causal de la divina consciencia y la personalidad.
La alegría está hecha para ser compartida y los Ángeles la crean para
compartirla con nosotros. Si pudiéramos ver a estos Ángeles participando en
una fiesta, estarían bailando, sonriendo y cantando alegremente junto con los
demás. Ellos afirman que donde no hay alegría y gozo es porque ellos retiraron
sus servicios.
Es evidente que no son necesarios banquetes para congraciarse con la alegría.
estar enamorado o pasear con el ser amado puede ser igualmente una forma de
sentir alegría. De hecho, si estás enamorado de la vida, hagas lo que hagas,
lo harás con alegría.
El Ángel tiene por función específica la diversión y la alegría en todos los
órdenes de la vida, incluso en la pareja, donde sus efecto son notables. La
presencia del Ángel termina con el aburrimiento y genera siempre nuevas vías
de satisfacción a través de la alegría.
Sería difícil sentir alegría sin contar con los Ángeles, pues ellos la han
creado. Si la necesitas para ti y para los que amas, pídeles ayuda, que
siempre estarán dispuestos a añadir hilaridad y diversión a tu felicidad.
Quizás tengas que ser tú el promotor, así que sigue los dictados de tu corazón
en busca del lado feliz de la vida.
Te propongo que:
Busca un lugar tranquilo donde puedas relajarte e intenta mantener tu mente en
blanco, sin rechazar los pensamientos que se te vayan apareciendo, pero
también sin darles fuerza. Imagina que estás rodeada de una sensación
agradabilísima de gozo que inunda todo tu cuerpo. Siente cómo todo tu ser es
penetrado por este gozo que parece circular con la sangre a través de tus
venas y cómo se funde con él.
Siente cómo dentro de ti están el Ángel de la Alegría y el Demonio de la
Tristeza. No los rechaces. Familiarízate con estos dos visitantes y pide que
el demonio de la tristeza desaparezca y que el Ángel de la Alegría irrumpa en
tu vida, en tu trabajo, en tus relaciones. Invítale a compartir contigo su
buen humor y su dulzura. El Ángel de la Alegría ahora te propone que te
imagines todo el mundo en una fiesta. Los Ángeles sirviendo manjares en la
fiesta. Duendes tocando melodías increíbles, hadas que son el coro celestial.
Los animales corriendo felices por todos los lugares. Brillan los fuegos
artificiales de la felicidad. Si puedes ver la Tierra en ese gozo, es porque
también te inundará el amor y el milagro de la felicidad cuando tú quieras.
PROGRAMACIÓN ANGÉLICA N.º 11
La Luz
Hoy vamos a intensificar la luz que llevamos en nuestro interior para que
brille con su real luminosidad.
Vamos a hacer una verificación física, comenzando por los pies: ¿En qué
posición están, y qué hacen? Vamos a moverlos de un lado a otro, y vamos a
permitir que la luz los abrace. ¿Y las piernas? ¿Están estiradas o encogidas?
¿Están cómodas? Permitamos que la luz penetre en las piernas para sentir que
abre canales de flexibilidad que mantienen viva la luz. ¿Las manos están
cómodas y sueltas, o tensas mientas sostienen esta hoja? ¿Los brazos están
pesados, livianos, doblados? Incorporemos la luz y visualicemos los brazos
como alas de luz, listas a volar en cualquier momento.
Ahora dirijamos la concentración a nuestro centro, la zona del cuerpo donde
los órganos realizan experimentos químicos y el corazón bombea la energía de
la sangre al resto del cuerpo. Ahora inspiremos profundamente y aflojemos
todos los músculos del estómago. Aflojemos la espalda, hagamos contorsiones y
empujemos como si fuéramos pollitos que tratan de salir del cascarón. Ahora
otra inspiración más, pero esta vez de luz pura.
Ahora viene la parte difícil. Vamos a relajar la mente, que muy probablemente
sentimos alojada en la cabeza. Relajamos los músculos del cuellos, los
estiramos suavemente y sentimos que el cuello desaparece. Ahora la cabeza
queda colgando en el espacio. ¿Qué vemos, oímos, olemos y percibimos por el
gusto? Relajemos los músculos del rostro. Dejemos que la mente vuele
libremente por un instante y luego pongámosla en foco para hacer algunas
comprobaciones del estado actual de conciencia.
¿Cómo actuamos? ¿Cuál es el tono que prevalece en nuestra vida últimamente?
¿Estamos actuando como adultos plagados de responsabilidades que nadie puede
comprender ni ayudarnos a superar? Si es así, recordemos que somos hijos de la
luz; conforme aprendamos a jugar con el fluir divino de la vida, las
responsabilidades cambian y se convierten en juegos.
Comencemos a imaginar la forma en que las pequeñas insatisfacciones se
proyectan en nuestra vida. Si estamos preocupados por algo, tomemos conciencia
de que la preocupación no es un problema para los hijos de la luz; entonces
vamos a entregarla a los Ángeles. Si nos sentimos con poca energía, vamos a
pedirle a los Ángeles que nos ayuden a redescubrir la energía del hijo de la
luz. Tristeza o depresión significan que la luz se va opacando y que el adulto
que hay en nosotros decidió apagarla para dejar de sentir dolor. Seamos hijos
de la luz y retomemos la conexión con la alegría de la niñez iluminada.
Volvamos a encender la luz y dejemos que brille intensamente. ¡Los Ángeles
están para ayudarnos! Pidámosles alegría para reemplazar la tristeza.
¿Somos felices? Tenemos que saber en nuestro interior que esa felicidad no se
debe a ese nuevo juguete maravilloso que tenemos o al fantástico puesto de
trabajo que conseguimos ni a la hermosa relación que tenemos con otra persona.
La felicidad que sentimos se debe a que nos amamos a nosotros mismos y a
que permitimos que nos sucedan cosas agradables.
Si las circunstancias cambiaran, no dejaríamos de ser felices. Ya que la
felicidad viene desde el interior y todos los hijos de la luz sabemos cómo
tener unicidad con la esencia de la felicidad.
¿Somos amigables? ¿Permitimos que los demás entran y salgan de nuestra vida?
Un hijo de la luz es amigable y atrae personas amigables y mágicas. Las
preguntas anteriores son sólo algunas de las que podemos hacernos y pueden
permitirnos un muy buen esclarecimiento interior sobre zonas de la vida en las
que quisiéramos que la luz fuera más intensa.
Este ejercicio no tiene como objetivo que se lo tome con demasiada seriedad.
Es tan sólo una forma de comprobación para que concentremos la atención en el
hecho de que somos hijos de la Luz. No siempre recordamos que somos hijos de
la luz y que tenemos un padre que nos nutre – el poder superior del universo
que por siempre nos ama, que los Ángeles mantienen y personalizan para
nosotros – que puede encargarse de los problemas que no son realmente
nuestros. Lo único que necesitamos hacer es recordar que podemos entregar
nuestros problemas de adultos a fin de que sean resueltos para el mayor
bienestar del universo, soltarnos y dejárselos a los Ángeles.
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